La espiritualidad está por toda la carta. No cabe duda de que es la faceta más importante de la vida este año, más importante que el dinero, la profesión, el amor e incluso la salud.
Este es el tipo de año en que «lo dejas todo y sigues al Maestro», o te sientas a los pies del gurú en algún ashram del Himalaya (esto sólo es una forma de hablar, por supuesto; puede ser con cualquier mentor espiritual y en cualquier lugar). Este año es para hacer ese peregrinaje religioso o ir en busca del Santo Grial a países exóticos. Un año para pasar más tiempo en meditación y retiro; un año para conectar y reforzar la conexión existente.
Ahora bien, lo más probable es que tengas responsabilidades mundanas, tal vez familia e hijos, por lo que tienes que ocuparte de estas cosas; aun así, puedes y debes pasar energía a intereses espirituales.
Si ya estás avanzado en el camino (y son muchos los Piscis que lo están) verás y experimentarás los frutos de tu trabajo espiritual de todos estos años. Se manifestarán en ti todo tipo de poderes espirituales: profecía, viaje astral (fuera del cuerpo), y la expansión de los límites del cuerpo físico; la levitación se ve como un poder interesante para adquirirlo en este periodo (esto ha sido así desde hace muchos años, pero este año lo es más).
¿Cómo describir lo que es la vida sobrenatural? No hay palabras, Pero a continuación te explico algunas de las cosas que te aguardan. Estarás en la corriente espiritual. Cuando vayas al supermercado o a correos en coche, en el momento en que llegas se queda libre un excelente lugar para aparcar; si haces un viaje en avión, te ponen en un asiento con mucho espacio para las piernas, y aunque la cabina está completa, hay un asiento desocupado entre tú y el otro pasajero, como si fueras en primera clase. Los animales corren hacia ti y te lamen y hacen arrumacos. Siempre que conduces, el camino está despejado y es recto; hay tan poco tráfico que coges todos los semáforos en verde. Si aceleras, una voz de arriba te aconseja que aminores la marcha y entonces ves que detrás venía un policía de tráfico. Haces tu trabajo del día (y a veces más) en la mitad del tiempo normal. Personas desconocidas te sonríen. El mundo es amistoso. Y en el caso de que haya alguna falta de armonía, no te afecta. Personas desconocidas para ti se te acercan a pedirte consejo y al instante sabes qué decir. Cuando caminas sientes que la tierra canta bajo tus pies. Los que te rodean, muchas veces auténticos desconocidos, sanan en tu presencia; no por algo que hayas hecho, sino simplemente por tu emanación, por lo que eres. Coges una taza de café y sientes subir una agradable vibración por el brazo. Una puesta de sol (algo que la gente da por sentado) te pasma con su belleza. El mundo invisible te da a conocer su presencia a tu alrededor, y esa es la sensación más maravillosa. Una vida realmente encantada, privilegiada. El salmo 91 se hace realidad en tu vida, ya no es un simple poema fantástico.
Ves y experimentas lo que es el Plan Divino, no una lucha por la supervivencia, sino algo bello. Tu vida se convierte en un ballet.
Después de un año así te resultará difícil volver a la vida «normal», en tres dimensiones. Pero finalmente lo harás, pero no desde un lugar de tres dimensiones, y sólo para prestar servicio.